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domingo, 28 de octubre de 2012

¿Y ahora qué hago?: Crème brûlée a la rápida

Muchas veces nos podemos encontrar en la situación de tener que hacer algo rápido y fácil porque: a) Tenemos que llevar cooperación a algún lado ¡mañana!, b) Alguien nos va a visitar de repente y no queremos atorarlos sólo con papas fritas, c) Tenemos ganas de comer algo rico pero ni el tiempo ni las ganas de elaborar nada, d) Somos flojos.

En lo personal, soy más enemiga que simpatizante de los postres o las comidas que vienen pre-elaborados y prometen prepararse en tres sencillos pasos. Me gusta hacer las cosas desde cero, dejando la embarrada en la cocina y con la satisfacción de haber aprendido algo en el proceso. Pero también es cierto que a veces ni la creatividad, ni el tiempo, ni el ánimo acompañan, y lo mejor para no terminar con depresión al ver que algo no resultó es recurrir a los avances de la vida moderna y sus cajitas mágicas.

En esta ocasión, tenía que ayudar a mi madre a hacer varios postres, y me dieron ganas de comer crème brûlée. Todo aquel que se haya aventurado con esta maravilla sabe que, aunque se ve sencilla, prepararla no es tan fácil y requiere tiempo y paciencia (la receta que más me gustó la tuve que "inventar", pero la voy a desclasificar en otra oportunidad). Y la verdad, no tenía ganas de hacer nada muy elaborado, así que me dirigí a la despensa mágica para utilizar el "Postre Due Crème Brûlée", de Ambrosoli (publicidad gratis), y ver si se ganaba mi sello de aprobación.


  El contenido en teoría rinde 5 porciones y para prepararlo no requiere nada más que leche y crema. Como necesitaba varios postres, usé 3 cajas que al final me sirvieron para hacer 13 potes. Las instrucciones no pueden ser más fáciles: mezclar en una olla, revolver, disolver el polvo, hervir, porcionar, refrigerar, servir. Listo. Mi problema fue que mi soplete de cocina estaba malo (en realidad nunca le puse el gas), y siempre tuve complicaciones para caramelizar el azúcar de la crème brûlée sin soplete y sin joder el postre. Y como queda muy fome sin una capa crujiente de azúcar caramelizada, opté por hacer lo siguiente:

1. Agarrar un poco de nueces (más o menos una taza, para 15 cremas) y molerlas. Es una lata hacerlo una por una, y poniéndolas en la picadora quedan demasiado molidas, así que lo mejor es ponerlas en un plato hondo y machacarlas con algún utensilio firme, como el ablandador de carne (no sé cómo se llama en verdad) que aparece en la foto.


2 . Aparte, en un quemador chico a llama media, poner a calentar una sartén. A continuación, echar en ella 5 cucharadas de azúcar granulada (la típica) para derretirla. Esto lo tienen que hacer con cuchara de madera en lo posible, revolviendo constantemente para que se derrita toda de forma pareja y se haga caramelo. Cuando quede más o menos así...:

3. ...bajar la llama y echar las nueces machacadas. Revolver bien todo para que el caramelo se pegue a todas las nueces. Una vez que esto ocurra, apaguen el fuego y viertan la mezcla en el mismo plato hondo que ocuparon recién. Traten de retirar lo más que puedan de caramelo de la sartén, para que después no les cueste tanto limpiarla.
4. Mientras se enfría y se cristaliza el caramelo en el plato, pónganse a lavar la loza poniendo la sartén de tal modo que le caiga el agüita. Disolver el caramelo pegado es la mejor manera de limpiar sin pasar rabias ni rayar su querida sartén.
5. Cuando se haya cristalizado el caramelo, machaquen la mezcla (otra vez) sin piedad hasta que queden pedacitos chicos de nueces caramelizadas.

Cuando hayan terminado y su crème brûlée esté bien cuajada en el refri, procedan a decorarla con las nueces y unas mitades de frutillas. Es mejor que ocupen frutillas frescas; yo les puse frutillas descongeladas y la verdad es que no me gustó mucho el resultado (aunque me lo comí igual). Y así de rápido y fácil tienen un postre de caja fome convertido en algo mucho más rico y atractivo visualmente. Respecto al producto principal (la crème brûlée de caja), tiene mi sello de aprobación, aunque sola niun brillo.


martes, 16 de octubre de 2012

La Tele Me Da Hambre: I. Cupcakes de Malta con Glaseado de Tocino

La verdad, no soy muy fanática de los cupcakes ni de la repostería en general. No es mi área favorita del mundo de la cocina; porque no me atraen demasiado los dulces, y porque casi nunca me resultan las recetas. Sin embargo, una tarde de flojera en mi casa ejercitando el dedo con el control remoto, vi el capítulo "And the Spring Break" de "2 Broke Girls", y ante mí apareció una revelación: por el final del episodio Max presentó su nueva invención, el "Beer batter maple bacon spring break cupcake", un cupcake hecho con cerveza artesanal y decorado con trocitos de tocino.
 En vez de decir "guácala" dije "¡ñam!", y la idea me dio vueltas en la cabeza hasta estos días. En el contexto de ayudar a mi querida madre a preparar una reunión de viejas con "cositas" para comer, se me ocurrió avivar la cueca con ese cupcake extraño, pero muy interesante y con potencial. Así que, después de googlear un poco, preparé la siguiente receta, mezclando cosas de por aquí/por allá, pero con gran base en justputzing.com. Héla aquí:
 
La masa:
- 2 tazas de harina cernida
- 1 y 1/2 taza de azúcar flor cernida
- 1 y 1/2 cucharadita de polvos de hornear
- 1 cdta. de sal, sin grumos
- 1 taza de malta "Morenita"
- 125 gr de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
- 1/2 taza de cacao en polvo sin azúcar
- 1 taza de chocolate bitter para cobertura, troceado (no tiene que ser muy dulce)
- 2 huevos
- 2/3 taza de yogur natural
- 1/2 cucharada de esencia de vainilla.

El decorado:
- 5 tiras de tocino ahumado (el de marca "Llanquihue" da buenos resultados)
- 1/4 taza de jarabe de maíz (el de los panqueques)
- 2 cdas. de azúcar rubia semidisueltas en 2 cdas. de agua hirviendo
- Papel aluminio (aluminium foil, cabros)

El glaseado:
- 225 gr de queso crema tipo Philadelphia (el "Santa Rosa" es más barato e igual de rico)
- 125 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 1 taza de azúcar flor cernida

Prólogo: Antes que nada [¿o que todo?], lean de principio a fin la receta para ver si los llama o no. Si la van a preparar, tienen que asumir que se van a ensuciar y van a ensuciar muchas cosas, así que es mejor tener la cocina bien limpiecita y desocupada, con el lavaplatos vacío y el secador también. El delantal y el pelo cubierto decentemente son esenciales. Además, es importante hacer el mise en place, teniendo todos los ingredientes bien medidos y preparados de antemano (léase: cernidos, cortados, temperados y separados), para no andar correteando, botando cosas, quemándose, o mezclando accidentalmente cuestiones na' que ver.

La masa:
1. En una olla pequeña, calentar la malta y la mantequilla a fuego medio hasta que ésta se derrita completamente, sin cocinar demasiado.
2. Añadir el cacao en polvo y el chocolate troceado. Revolver hasta que el chocolate se derrita y la mezcla quede uniforme (tienen que revolver bien, porque el cacao se hace grumos y no se disuelve altiro). Retirar del fuego y dejar que se entibie.
3. En un bol grande, con un batidor manual revolver los huevos y el yogur hasta que se mezclen bien. Añadir la mezcla que hicieron recién (tiene que estar tibia-tirando-pa'-fría) y la esencia de vainilla.
 4. Agregar de a poco los ingredientes secos (es decir: la harina, el azúcar flor, los polvos de hornear y la sal, previamente mezclados). Cuando les quede algo más o menos así:...
 ...pueden seguir mezclando con cuchara, para unir bien los ingredientes. Mi arma favorita en estas circunstancias es la espátula de silicona: es limpiecita, saca muy bien los restos de masa de los bordes, y ayuda a mezclar bien. Si no tienen, una cuchara grande les sirve igual, pero traten de evitar las de madera. Una vez que la masa se vea homogénea, sin grumos ni colores raros (las burbujas son normales), pueden dejar de mezclar y descansar el brazo.
5.  En una lata para hacer quequitos (sorry, no me sé el nombre técnico), distribuir los pirotines de cupcakes. Verter la mezcla en cada pirotín hasta llenar 3/4 de él. Para que su vida sea más fácil, es mejor poner la mezcla en una jarra con boquilla, llenando en serie y cortando el excedente con el dedo:

6. Hornear durante 15 minutos a 180°C, tiempo justo para poder ver este video y reírse unas diez veces.  Retirarlos del horno cuando se vean más o menos así:
 Dejar enfriar en un lugar donde ni su gato ni su perro acróbata ni su hermano guataca tengan acceso.  Mientras, pasemos a...

El decorado:
1. Sobre una juente (como diría mi abuelita) apta para el horno, poner papel de aluminio de forma que quede "colgando". Hacer pequeños tajitos sobre el papel con ayuda de un cuchillo.
2. Mezclar el jarabe de maíz con el azúcar semidisuelto en agua. La idea es que este almíbar quede con la mayor parte de los gránulos de azúcar intactos, para darle más crujientosidad al tocino.
3. Poner las tiras de tocino sobre el aluminio, cuidando que el arreglo que hicimos no se caiga ni se desarme. Con una brocha de cocina, o lo que sea, pintar el tocino con el almíbar, intentando que quede todo cubierto (o "cubrido", como diría Su Excelencia). 

4. Meter la fuente con aluminio, tocino y todo en el horno, con el grill a todo shansho [porque es tocino, jaja]. Cuando empiece a burbujear, darlo vuelta con pinzas o chopsticks (para mayor delicadeza) y pintarlo de nuevo. Después, hay que darle otra vuelta, pintarlo por última vez y esperar a que burbujee de nuevo. La idea es que quede crujiente y caramelizado pero no quemado, pero si se le queman los bordes no importa. 
 Sacar del horno y poner a enfriar el tocino sobre una tabla de madera. Advertencia: no limpien la fuente que quedó con juguito, porque lo vamos a ocupar en...

El glaseado:

1. Batir (ahora sí con batidora eléctrica) la mantequilla con el queso philly, hasta formar una pasta homogénea. Añadir el azúcar flor y una cucharada del juguito de tocino. Seguir batiendo hasta mezclar más o menos bien, y terminar de unir todo con una cuchara o espátula. Refrigerar.
2. Ahora, hay que cortar el tocino caramelizado en trocitos muy pequeños. Para evitarse molestias y garabatos al cielo, hágase de un buen cuchillo. Cuando tenga todo troceado, júntelo en un pote y lave la tabla y todo lo que ensució, mientras el glaseado se enfría. 

La armá:
1. Para finalizar, con una manga pastelera...¿qué? ¿no tiene manga pastelera? Aquí está la solución: tome una bolsa de plástico (de las firmes), lávela y séquela bien. Después, hágale un hoyito en la punta y ¡ta-dáaa!: manga pastelera.
2. Llene la manga con el glaseado que preparamos antes y que ya sacamos del refri. Agarrando la manga con las dos manos, cubra lentamente la superficie de cada quequito dibujando un círculo desde afuera hacia adentro. La idea es que no queden muy llenos de glaseado; con que la superficie esté toda cubierta basta.
3. Ahora, con delicadeza agarre unos poquitos trozos de tocino picado y espárzalos sobre el glaseado; ojalá que no se amontonen, sino que queden distribuidos uniformemente. ¡Y listo! (al fin). Lo único que resta ahora es intentar darle un cupcake a alguien y que le ponga cara de vómito.

Epílogo: Como estos cupcakes los hice para la reunión de viejas de mi mamá, los hice en tamaño tierno (aww), pero también hice unos grandes para zampármelos una vez terminada la receta. En total, me salieron 48 cupcakes tiernos y 6 grandes. A decir verdad, prefiero los tiernos, porque la mezcla total de ingredientes "cochinos" (poco saludables) puede ser muy empalagosa. Si no quiere o no necesita hacer tantos, puede modificar la receta (en forma proporcionada) para que le salgan menos cupcakes.


En lo personal, la receta estuvo a la altura de mis expectativas y la encontré terriblemente güena, aunque no recomiendo comer mucho de un solo viaje. Así concluye mi primer experimento de "La Tele me da Hambre".

domingo, 14 de noviembre de 2010

Arrivederci, Roma

Cien pesos chilenos están en el fondo de la Fontana di Trevi, así que más me vale volver a Roma. Al fin pude salir del sopor habitual de la vida del estudiante flojo, y subirme a un viaje de fin de semana para poder conocer la capital, organizado por la ESN. Aunque no me gusta andar en viajes "masivos" (porque parece gira de estudios la cuestión, y aparte ralentiza todo el proceso turisteador), me sumé a este por dos razones:

1. El precio era bastante bueno (95 euros).
2. Después de pasar 2 meses en Nápoles, estaba más aburrida que en misa.

Así que, luego de saber quiénes de mis amiguis querían ir, junté las monedas y me anoté. Los días pasaron y la tensión/emoción aumentaban. Finalmente, este viernes 12 nos encontramos en la estación de trenes Centrale un grupo de más o menos noventa personas. Alrededor del mediodía nos subimos al tren, y en dos horas y media estábamos en la estación Termini de Roma. Después de un largo rato en que nos separaron en grupos, pude llegar al lugar donde teníamos que alojar (de mis amigos, quedé con 3 en una habitación). Rápidamente hicimos un descanso express y partimos a caminar por la ciudad y a encontrarnos con el resto de la manada - no el grupo completo de 90 giles, sino sólo los que nos pusimos de acuerdo para viajar juntos.

Hay un problema que siempre sale a flote cuando se anda en grupo: la indecisión. Obviamente no todos queríamos hacer lo mismo. Yo me encontraba en la facción que quería sentarse a comer tranquilamente en un lugar y disfrutar de la atmósfera. Luego de seguir hablando por varios minutos en que llegábamos a la misma conclusión del principio, cortamos por lo sano y nos separamos para ser felices (mi consejo: dividir siempre, en vez de tratar de crear un plan que mágicamente funcione para todos). Mis correligionarias (?) y yo nos sentamos en un restaurant-pizzería a deleitarnos con un pedazo de gastronomía. Un comentario sobre esto: el precio de la comida. No es que me ande correteando para pagar un suculento plato (por no decir otra cosa); pero es un crimen, después de estar pagando 3 euros por una pizza Margarita en Nápoles, pagar 7. Una injusticia. Pero da lo mismo, porque al final me decidí por un plato de Fetuccine Alfredo, y fui feliz otra vez.

Después, para bajar la guatita, caminamos hacia el Coliseo. A medida que avanzábamos y veía más de su silueta, creía que me iba a dar un soponcio o algo así. Solamente cuando estuve ahí, cara a cara con una estructura más vieja que Matusalén, me di cuenta de que realmente estaba en Roma. Y creo que a mis amigas les pasa lo mismo, porque todas teníamos cara de idiota cuando recorríamos los alrededores. Lo único que le restaba emoción y encanto a la cosa era que cada dos minutos aparecía alguien tratando de vendernos la pomada de los souvenirs, con el típico "bella, bellissima!" característico de la labia que tienen los italianos.

Después de un rato vagando entre el Coliseo y el Foro romano, reunimos a la manada y planeamos nuestros próximos movimientos. Como estábamos cortos de tiempo, no tuvimos más opción que irnos a nuestros respectivos alojamientos para descansar un poco y prepararnos para la fiestoca que estaba planificada para la noche. Porque la "excusa" del viaje era un encuentro intercultural de estudiantes Erasmus y blablabla, que en verdad significa hacer lo mismo que siempre (curarse hasta rodar por las escaleras), sólo que masivamente y en otra ciudad.

Llegar a la fiestoca fue un proceso más largo y engorroso de lo que debería haber sido, pero lo importante es que encontramos el lugar y pudimos entrar. La disco: na' que vers con otras que he visto por Nápoles. El edificio era enorme y la gente podía bailar sin estar chocando a cada rato. Lo malo: la música tuvo el mismo ritmo (punchi-punchi) por 3 horas aproximadamente., cosa que no me agrada mucho (echo de menos los ritmos latinoamericanos). El asunto es que entre empujones, intentos de bailar, emoción por un par de canciones buenas, olor a sobaco, el suelo pegajoso, lo irrisorio de la borrachera de algunos y el dolor de patas, sobreviví a la fiesta y a las 5 de la mañana partimos a la Metro para irnos a la casa. Por suerte, los trenes empezaban a funcionar a partir de las 5 y media, así que el trayecto fue facilito y pudimos encontrarnos durmiendo a las 6. Eso es algo que se le agradece a Roma.