domingo, 17 de octubre de 2010

Ay, la vida...da tantas vueltas

He visto tantas cosas extrañas que no me acuerdo de todo. Así que lo único que puedo decir por ahora es que cada vez me gusta más Nápoles. Después de un mes aquí, me alegra y me alivia saber esto. En mi proceso de preparación para antes del viaje revisé un montón de referencias y comentarios respecto a la ciudad (en internet, claro), y tengo que reconocer que me dio un poco de julepe y arrepentimiento por haberla escogido. La mafia, el peligro en las calles, la suciedad, la desorganización...todos puntos en contra cuando sabes que ya tomaste una decisión y que ya no te puedes echar para atrás.
Como ya se habrán dado cuenta, mi primera impresión no fue muy buena; mezcla de ver que varias de esas cosas eran ciertas y de encontrarme sola. Pero ahora pienso que al final hay que apropiarse de cualquier lugar en el que uno esté e intentar vivir lo mejor posible. Creo que de ahora en adelante, cuando me toque estar en una ciudad nueva -y si es que me toca algún día -, no pienso hacer la misma "preparación". Puede que no siempre las cosas me resulten, pero al final hay que descubrir por uno mismo si se está bien o mal, si el lugar es agradable o no, etc. Lo más importante que he descubierto aquí, es que en la imperfección de las cosas está lo divertido.

Primero el choque cultural fue impresionante, y fue difícil despertarme y darme cuenta de que tenía que "soportar" esto por cinco meses. Después, al encontrar más gente que se sentía como yo, empecé a tratar de entender esto en vez de sólo pensar que era demasiado extraño como para adaptarme. Y, al final, descubrí cosas agradables, como la amabilidad con que te tratan por ser extranjera (no todos, por supuesto), las similitudes con Chile, y algunas diferencias importantes en cuanto a la convivencia en la ciudad. Y de la Camorra, ni hablar: ni siquiera me he acordado, excepto cuando alguien saca el tema. Tampoco me he preocupado demasiado por andar ojo al charqui por si alguien me quiere robar las inutilidades que llevo conmigo cuando salgo. Y la basura...bueno, ya me acostumbré, aunque pienso que es una exageración decir que es un problema extremadamente grave. He visto cochinadas peores.

El punto es que espero haber cambiado mi mentalidad respecto a las ideas preconcebidas que se tienen antes de llegar a algún lugar. Cuando hay que sobrevivir, hay que hacerlo nomás, y no preocuparse de estupideces ni dejarse llevar por el golpe inicial . Antes creía que había aprendido la lección acerca de las primeras impresiones, pero supongo que hacía falta algo mayor para realmente entenderlo.

P.S.: Los dejo con una foto del Vesubio visto desde un ferry rumbo a Ischia. Enjoy.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Dónde estoy?

Había pensado en cancelar este blog y darme a la fuga, pero ahora que estoy más sola que un dedo encuentro que es una buena forma de hacer algo sin tener que hacer algo (no sé si me explico). Ayer en la tarde llegué a Nápoles, y cuando me instalé en la hostal en que estoy ahora provisionalmente, me di cuenta de que estaba sola. Sola, sola, pero así sola, con mayúsculas: SOLA. Así como para que me griten "¡cómprate una isla!" (cosa que no estaría nada de mal, pensándolo bien).
Antes de venirme, y cuando hablaba con quien fuese que me preguntara si estaba nerviosa por partir, no me lo tomaba tan gravemente - a excepción de un par de veces en que me puse a pensar antes de contestar. Pero es solamente en esta situación que uno se da cuenta de que en verdad atravesó el Atlántico y llegó a un lugar donde la única forma de contactarse con sus seres queridos es a través de la magia de internet (y del celular, pero eso sale muy caro). Es raro estar así, más todavía porque esta ciudad parece Santiago centro, pero con ciertas diferencias importantes: la gente se grita barbaridades en italiano o napolitano, las calles parecen no tener sentido, la mayoría de la gente lleva perfume de empanada, y las motos aparecen por todos lados.
Echo mucho de menos mi casa y a la gente con la que estoy acostumbrada a compartir. El olor a empanada no debería salir de las cavidades corporales de las personas, sino de una buena masa rellena con un rico pino (a mí nomás se me ocurre salir de Chile para el bicentenario). Ni siquiera hay un quiltro en la calle para que me haga compañía. Pero, ¿qué se le va a hacer? Lo único que me queda ahora es salir de la melancolía en que caí y tratar de hacer algo productivo. Por ahora, mi primer acto oficial será comerme un trozo de pizza. He dicho.