Muchas veces nos podemos encontrar en la situación de tener que hacer algo rápido y fácil porque: a) Tenemos que llevar cooperación a algún lado ¡mañana!, b) Alguien nos va a visitar de repente y no queremos atorarlos sólo con papas fritas, c) Tenemos ganas de comer algo rico pero ni el tiempo ni las ganas de elaborar nada, d) Somos flojos.
En lo personal, soy más enemiga que simpatizante de los postres o las comidas que vienen pre-elaborados y prometen prepararse en tres sencillos pasos. Me gusta hacer las cosas desde cero, dejando la embarrada en la cocina y con la satisfacción de haber aprendido algo en el proceso. Pero también es cierto que a veces ni la creatividad, ni el tiempo, ni el ánimo acompañan, y lo mejor para no terminar con depresión al ver que algo no resultó es recurrir a los avances de la vida moderna y sus cajitas mágicas.
En esta ocasión, tenía que ayudar a mi madre a hacer varios postres, y me dieron ganas de comer crème brûlée. Todo aquel que se haya aventurado con esta maravilla sabe que, aunque se ve sencilla, prepararla no es tan fácil y requiere tiempo y paciencia (la receta que más me gustó la tuve que "inventar", pero la voy a desclasificar en otra oportunidad). Y la verdad, no tenía ganas de hacer nada muy elaborado, así que me dirigí a la despensa mágica para utilizar el "Postre Due Crème Brûlée", de Ambrosoli (publicidad gratis), y ver si se ganaba mi sello de aprobación.
El contenido en teoría rinde 5 porciones y para prepararlo no requiere nada más que leche y crema. Como necesitaba varios postres, usé 3 cajas que al final me sirvieron para hacer 13 potes. Las instrucciones no pueden ser más fáciles: mezclar en una olla, revolver, disolver el polvo, hervir, porcionar, refrigerar, servir. Listo. Mi problema fue que mi soplete de cocina estaba malo (en realidad nunca le puse el gas), y siempre tuve complicaciones para caramelizar el azúcar de la crème brûlée sin soplete y sin joder el postre. Y como queda muy fome sin una capa crujiente de azúcar caramelizada, opté por hacer lo siguiente:
1. Agarrar un poco de nueces (más o menos una taza, para 15 cremas) y molerlas. Es una lata hacerlo una por una, y poniéndolas en la picadora quedan demasiado molidas, así que lo mejor es ponerlas en un plato hondo y machacarlas con algún utensilio firme, como el ablandador de carne (no sé cómo se llama en verdad) que aparece en la foto.
2 . Aparte, en un quemador chico a llama media, poner a calentar una sartén. A continuación, echar en ella 5 cucharadas de azúcar granulada (la típica) para derretirla. Esto lo tienen que hacer con cuchara de madera en lo posible, revolviendo constantemente para que se derrita toda de forma pareja y se haga caramelo. Cuando quede más o menos así...:
3. ...bajar la llama y echar las nueces machacadas. Revolver bien todo para que el caramelo se pegue a todas las nueces. Una vez que esto ocurra, apaguen el fuego y viertan la mezcla en el mismo plato hondo que ocuparon recién. Traten de retirar lo más que puedan de caramelo de la sartén, para que después no les cueste tanto limpiarla.
4. Mientras se enfría y se cristaliza el caramelo en el plato, pónganse a lavar la loza poniendo la sartén de tal modo que le caiga el agüita. Disolver el caramelo pegado es la mejor manera de limpiar sin pasar rabias ni rayar su querida sartén.
5. Cuando se haya cristalizado el caramelo, machaquen la mezcla (otra vez) sin piedad hasta que queden pedacitos chicos de nueces caramelizadas.
Cuando hayan terminado y su crème brûlée esté bien cuajada en el refri, procedan a decorarla con las nueces y unas mitades de frutillas. Es mejor que ocupen frutillas frescas; yo les puse frutillas descongeladas y la verdad es que no me gustó mucho el resultado (aunque me lo comí igual). Y así de rápido y fácil tienen un postre de caja fome convertido en algo mucho más rico y atractivo visualmente. Respecto al producto principal (la crème brûlée de caja), tiene mi sello de aprobación, aunque sola niun brillo.
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